¿Ser jurista o ser “lingüista” ?: altas cortes y chatos razonamientos

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CONTRAPUNTOS Opiniones

 

ESCRITO POR:

SEBASTIÁN PAZ MIURA

Cofundador de Radicales Libres


El jueves 30 de marzo el Tribunal Constitucional peruano emitió su sentencia respecto a la distribución gratuita del Anticonceptivo Oral de Emergencia (AOE). A través del mismo, se revisaba a la luz de nueva información científica y estudios recientes la naturaleza del AOE, en particular la existencia del controvertido “tercer efecto” de la misma, que afectaría la posibilidad del embrión fecundado de implantarse en el endometrio. Con esta sentencia se deja de lado aquella emitida en el año 2009 donde se parecía argumentar la afectación del derecho a la vida del concebido y se limitaba la capacidad del Ministerio de Salud de distribuirla gratuitamente. En sencillo, en el entendido de la composición de dicho TC, existía un método abortivo disponible solo para quien pudiera pagarlo.

Existen cuestiones que no resulta relevantes analizar en este espacio, pues ya profesionales mucho más capaces podrán diseccionar elementos de debate como la naturaleza del amparo presentado, el mérito de las distintas pruebas científicas incluidas en el proceso, etc. Yo quisiera presentar algunas interrogantes: ¿cómo es que uno de los votos singulares de dicha sentencia es un calco de la sentencia anterior? ¿cómo es que una jurista parte de la corte más alta en materia de interpretación de derechos fundamentales en el país opta por repetir argumentos ya vetustos y superados?

Esto escapa de una posición personal respecto del inicio de la vida humana (o en realidad la existencia del inicio de la categoría jurídica concebido), escapa de una posición personal sobre la interrupción o no del embarazo y la autonomía corporal de las mujeres en el país. Las preguntas anteriores son estrictamente una reflexión acerca del rol de la argumentación jurídica, el papel del juzgador y el deber de ser honestos intelectualmente de cara a asuntos de gran trascendencia.

La valoración libre de la prueba –entendida como la no existencia de pruebas tasadas o sometidas a falacias autoritarias- no es una habilitación al juzgador de ver cosas que no existen. La lógica debe (o debería, en todo caso) asistir siempre al juez o jueza con la intención de extraer conclusiones plausibles de los elementos que se le han presentado. Por ello, iniciar la defensa de una postura con “hiperfijación” en un único elemento de prueba sin discutir el mérito de los demás que contradicen tal postura es a mi parecer un burdo intento de cubrir con un manto argumentativo la defensa de posturas ideológicas personales que tratan de ser impuestas en la comunidad general. Probablemente ello se relacione con la “captación” del Tribunal Constitucional de la que se jactaba una execrable parlamentaria hace solo algunos días.

La sentencia en mayoría presenta 9 páginas de ejemplos probatorios acerca de la naturaleza de la AOE a nivel mundial, posturas presentadas por la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud, entre otras. La magistrada Pacheco Zerga no se detiene a discutir ninguna de ellas, no las contrapone con el único elemento probatorio que tanto le convence. La prueba elegida como satisfactoria es aquella que reafirma la intuición personal de la magistrada. Se elige la prueba en base a la conclusión requerida y no al revés.

Pero como no basta hacer malabares argumentativos para satisfacer sus intereses, hay que hacer los malabares en cuerdas flojas. Porque incluso cuando adopta la descripción de los efectos del AOE dada por la Food & Drug Administration de los EEUU, decide que no le place la definición de embarazo que esta utiliza. Aquella prueba omnipotente hace solo unas líneas atrás es ahora “inexacta y restrictiva” porque no define embarazo como ella preferiría. Para ella es muy claro lo que hay que hacer: si estamos ante categorías complejas que han dado origen a incontables debates jurídicos a nivel normativo, doctrinario, jurisprudencial en esta y otras latitudes lo correcto para zanjar dicho impase es utilizar la definición de una institución formalista de la lingüística. La Real Academia de la Lengua Española tiene más argumentos acerca del contenido de conceptos incorporados al mundo del Derecho que cualquier opinión jurídica vertida sobre el tema. Simplemente fantástico (al menos en su acepción en la RAE de quimérico e irreal).

Bueno entonces, dígannos magistrada Pacheco de la mano de la RAE, ¿cuál es esta definición de embarazo que nos permitirá cerrar de una vez por todas la discusión? Pues nos indica que “según la Real Academia de la Lengua (RAE) significa: ‘estado en que se halla la mujer gestante’.” Como en cada uno de mis escritos dejo abierta la puerta de debatirlo con ustedes amables lectores, pero ¿no les parece un uso totalmente vacío y circular de una definición? “Sediento es quien tiene sed”, vaya que sí pero no ha dado información relevante alguna de eso. Tanto es así que luego de colocar a la RAE como la vanguardia en su cruzada, tiene que llenar de un nuevo contenido “gestación” porque el ejercicio anterior fue inútil. Y es aquí donde se desenmascara no solo la posición personal de la magistrada sino su total desprecio al rol del jurista. Si “el primer momento de vida del embrión” es la concepción, ¿cómo se reconcilia dicha idea con la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso Artavia-Murillo y otros-Fecundación in vitro vs Costa Rica? Mutis.

Entonces tenemos diversas pruebas que afirman que la AOE no impediría la implantación de un embrión fecundado, tenemos a la FDA que reconoce que sí podría ser este un efecto, pero no entiende que haya aún embarazo por lo que no podría ser abortiva y se concluye que es abortiva porque la definición de embarazo es errada en base a… Bueno, en base a nada. No hay un ejercicio por indicar de qué forma hemos de ignorar el sistema convencional interamericano, no hay algún otro elemento que caracterice al inicio del concebido con la fecundación más que la sola postura personal, alimentada aparentemente de aire y una fuerte convicción de espíritu.

Como broche de oro, Pacheco nos retrotrae al tan antojadizo como endeble argumento del principio precautorio al decirnos que “Cuando haya peligro de daño grave o irreversible, la falta de certeza científica absoluta no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces en función de los costos para impedir la degradación del medio ambiente”. Esta perspectiva de protección contenida en la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo es traída a colación porque suena bien, parece tener fuerza persuasiva. De otra forma, no me explico cómo extrapolar principios con tal ligereza sino es con exclusivo interés en su funcionalidad retórica.

Jugar con tanta facilidad con los derechos sexuales y reproductivos de los demás no es poca cosa y si lo que se pretende es instalar agentes políticos e ideológicos en puestos de extrema trascendencia jurídica, uno espera que se tomen la molestia de hacer una labor más loable en tratar de engañar a la gente. No coincidiendo en nada de lo expresado en este voto singular se me ocurren muchos argumentos de apariencia jurídicamente más sólidos que la sola voluntad de no querer que se emplee el AOE porque no le gusta que exista. No es necesario romperse mucho la cabeza para hacer un trabajo que me tomo la libertad de llamar mediocre, no por la postura misma, sino por la completa desidia en tratar de arropar mejor su conservadurismo. No decida por favor por los demás y menos aún con razonamientos tan chatos instrumentalizando cortes tan altas. Si tiene una objeción personal con la AOE, solo no la consuma.

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